La economía digital

La digitalización de la economía mundial es, probablemente, irreversible. España ocupa el séptimo lugar en el mundo (Índice de la Sociedad Digital 2018), el 84% de sus fuerzas productivas piensan que influye directamente en sus ámbitos de trabajo.

La economía digital (definida por las tecnologías que le son propias) presenta algunas áreas de interés prioritario. Las tres variables que se utilizan para medir este desarrollo son, básicamente, dinamismo, inclusión y confianza.

En la primera se investiga el grado en que una economía canaliza su crecimiento desde las nuevas tecnologías de la comunicación y la información. En la segunda, el punto de asimilación de esas tecnologías por parte de la población. Y en la tercera se dilucida si la economía digital genera estabilidad psicosocial.

Al parecer, España tiene una séptima posición en confianza y dinamismo, pero la octava en inclusión. Un 48% de la muestra de Sociedad Digital 2018 opina que la digitalización es un fenómeno positivo y que seguirá siendo así, al menos durante los próximos 10 años. Un 30% confía en la creación de empleo ligada a la transformación digital. Y un 41% estima que la digitalización de la sociedad y la economía permitirá enfrentar algunos de los grandes retos de nuestro tiempo como la pobreza, la salud, la educación o la lucha contra el cambio climático.

Todo este panorama contrasta con una realidad ya vieja en el aparato productivo español: la poca inversión en I+D. La muestra analizada también cree que una gran inversión en formación y reciclaje profesional ayudará en la inevitable transición que se avecina. Los expertos coinciden en que, de haber una “transición”, debe estar centrada en la adaptabilidad del factor humano. España tiene una posición estratégica en relación a estos fines, con un camino ya andado en difusión de las TIC, Protección de datos, Ciberseguridad, etc. 

La masa de profesionales debe adaptarse, mediante el reciclaje, al uso extensivo de herramientas digitales, lo que pasa por lograr inversiones en renovación tecnológica y aquellos talentos humanos que lo digital permite desarrollar, como la creatividad o la inteligencia organizacional. Un 93% de los “millennials” tiene asumido que una parte muy importante de su trabajo resultará automatizado durante los próximos años.